jueves, 4 de noviembre de 2010

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Nació en Huelva en 1881 y murió en 1958, después de recibir el Premio Nobel de Literatura.

Entabló amistad con Valle-Inclán y Rubén Darío.

La aparición de su gran amor fue esencial en su vida y su obra.

Su poesía se caracterizó por el anhelo de desnudez y totalidad poéticas, así como por la atracción por lo popular, el peso de lo biográfico, el ansia de eternidad y, sobre todo, por la existencia de un pensamiento estético, ético y filosófico sobre el que erigir la escritura.

Al tiempo que elabora y reelabora su obra, deja constancia de sus reflexiones sobre ella.

Gracias a ellas, se puede saber que la poesía para él, no representaba solo una forma de vencer la imperfección del mundo, sino un camino de conocimiento de uno mismo y de la realidad y una vía de elevar la vida a un estatus espiritual superior.

Estas características principales que no están dentro del modernismo ni en las vanguardias elaboran una poesía iluminada en otros aspectos como los anteriores.

A pesar de la influencia del modernismo en su obra, Juan Ramón Jiménez, revisó esta etiqueta de poeta modernista.

Los estudios sobre el poeta suelen dividir su obra en tres etapas:

La primera es la Entrega sensitiva, incluye sus primeros títulos “Ninfeas”, “Almas de Violeta”, que revelan ciertos excesos modernistas.

Insinúan rasgos de su poesía posterior, como inquietud y desasosiego, búsqueda del ideal y una concepción de la poesía como suma de instinto y conciencia.

La segunda es el Afán de conocimiento de la realidad, comienza con “Estío”, en el que se percibe una expresión mas desnuda y pura y una conceptualización mayor de temas como el amor.

En este período escribe su mejor título según él mismo, “Diario de un poeta recién casado”, al hilo de su boda.

En él aparece una triple visión de la idea de viaje: físico, sentimental y a la literatura.

La tercera es la necesidad de conciencia interior, alcanza su idea de poesía de exilio como “La estación total”, “Espacio”, “Animal de fondo”.

No se desprende de lo vital, sino que fusiona lo real con lo trascendental, según sus palabras: “Lo que nosotros queremos imponer como poesía es alma”, a través del simbolismo intimista.

Se trata de una poesía construida con imágenes irracionales y formalmente desnuda de toda carga rima o estrofa.

La prosa poética del autor aparece en obras tan conocidas como “Platero y yo”

Su visión como libro infantil ha sido superada y actualmente tiende a verse como una crítica a la idea de progreso basada exclusivamente en lo material, sin tener en cuenta la educación del espíritu.

Según esta interpretación, el libro sugeriría la necesidad de cultivar la sensibilidad del pueblo, ampliando su ámbito de comprensión, pero sin perder lo que tiene de espontáneo y auténtico.

“Platero y yo” destaca por la sensibilidad de sus descripciones y por su capacidad de sugestión.

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