sábado, 6 de noviembre de 2010

LA GENERACIÓN DEL 98

La generación del 98 fue un grupo de escritores integrado por Azorín, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno y Ramón María del Valle Inclán entre otros, que compartían inquietudes y actitudes de protesta, y una profunda preocupación por la situación de España. A este grupo le caracterizaba fechas de nacimiento no muy distantes entre sus miembros y una relación entre ellos, es decir, compartían ideas políticas liberales, promoviendo reformas ideológicas y participando en actos colectivos. Les preocupaba el suceso generacional del desastre del 98 y sentían desolación por la situación de España. Abordaban este sentimiento desde un punto de vista íntimo, basándolo en una cuestión de valores, ideas y creencias; y en una devoción incondicional a Castilla. Tenían inquietudes literarias comunes, contribuyeron a la renovación de principios de siglo y tenían un estilo basado en el lenguaje natural y sobrio.

Respecto a sus temas recurrentes, preferían los conflictos existenciales y filosóficos, el destino de la vida y del ser humano. Trataron el idealismo, con un cambio de actitud en su idea regeneracionista, caracterizada en un principio por los temas sociales y políticos, y más tarde por el giro idealista. Hubo una conexión con las corrientes irracionalistas europeas, ya que introdujeron en España corrientes de pensamiento que negaban el poder organizador de la razón. Otro tema era las preocupaciones existenciales. Los autores de la generación del 98 coinciden en mostrar ideas angustiadas sobre la existencia, personajes abúlicos y de frágil voluntad. En 1902 se publicaron tres novelas de capital importancia: “Camino de perfección” de Pío Baroja, “La voluntad” de Azorín, y “Amor y pedagogía” de Unamuno. Los tres coinciden en mostrar unos personajes angustiados ante la pérdida del sentido de su vida, sin voluntad para luchar. Ligadas con lo anterior están las inquietudes hacia la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, que de una forma u otra todos manifestaron. Los integrantes del 98 también coincidieron en su preocupación por España. Su modo de “regenerar” las heridas sociales lo encuentran en la tierra y en la historia de España. Muchos de los escritores del 98 recorrieron España. Castilla fue la toma que más atracción ejerció; en ella ven la esencia del pueblo español. De ella surgió el pueblo castellano y nuestra lengua. Rastrean los valores castellanos que aparecen sobre todo en el “Poema de Mio Cid”, como la amistad, la lealtad, el valor, la astucia, la ternura, la libertad, etc. Sobre estos valores intentan regenerar España. El paisaje castellano es magistralmente “pintado” por Azorín y Unamuno. Hay un paralelismo entre el paisaje castellano y la austeridad en el estilo noventayochista. También trataron la historia, adentrándose en la “intrahistoria”, es decir, “la vida callada de los millones de hombres sin historia”. La exaltación de la intrahistoria es compatible con las ideas europeizantes.

Los escritores del 98 sintieron especial predilección por nuestros clásicos, sobre todo por Fray Luís, Quevedo (Sonetos), el poema de Mio Cid y Cervantes (E l Quijote).

El estilo del 98 se caracteriza por: la sobriedad y voluntad antirretórica, un estilo claro y pulido, un gusto por las palabras tradicionales y castizas, subjetivismo y lirismo. El alma del autor y el paisaje se funden. La prosa está muy cercana a la poesía. A veces más que describir el paisaje, el autor describe su propia alma. El ensayo experimenta un gran auge con la generación del 98. casi todos los autores colaboraron en periódicos y revistas. El ensayo se convirtió casi en un género literario. Muchos de los libros de los autores noventayochistas aparecieron por entregas en diarios. Caso aparte merece el género “nivola” de Unamuno, caracterizada por un único personaje principal, temas filosóficos, monólogo interior, trama sencilla, etc.


Claudia Forés

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